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viernes, 6 de diciembre de 2013

El Adviento tiempo ALEGRÍA

"Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡Alegraos! Flp, 4,4


Comenzamos de nuevo un año litúrgico con el Adviento. Estoy muy condicionado por mi reciente viaje a Nicaragua, mi estancia en la Universidad Centroamericana de Nicaragua, la acogida de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), el conocimiento de los proyectos al servicio de los más necesitados propiciados por las CEB, el contacto con la bella y compleja realidad nicaragüense; son cuestiones que condicionan mi mirada y mi espíritu para esta etapa de preparación de la Navidad. Han sido pocos días, pero intensos. En mi libreta he traído numerosas anotaciones, necesito tiempo para releer, recordar (pasar de nuevo por el corazón), orar y escuchar llamadas... Algunas compartiré con vosotros en el blog; otras, a ejemplo de María de Nazaret, seguiré meditándolas y guardándolas en el corazón.

Coincidió mi estancia en Nicaragua con la publicación por parte del Papa Francisco de la exhortación apostólica Evangelii Gauidium, he comenzado a leerla y me parece una valiosa aportación para el momento actual, tanto eclesial como social, el análisis que hace de muchos de los problemas de nuestra etapa histórica no puede ser más acertado. Como decía Benedicto XVI en la encíclica Deus Caritas Est: "la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero resulta difícil engendrar la alegría". En este contexto, hoy más que nunca resulta, necesario una Iglesia que manifieste la alegría del Evangelio, porque como dice el Papa "la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción" (EG 14). 

En las próximas entradas continuaré la serie que comencé en el año 2012 sobre la alegría, una alegría contenida, sobria, pero no por ello menos valiosa, una alegría que se encuentra en lo cotidiano, en lo sencillo. Espero que este ejercicio me ayude a prepararme para vivir el misterio de la Navidad. Agradecido por tanto don recibido.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Miembro de una Iglesia universal

"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o ponerla debajo de la cama"
Lc 8, 16

El Evangelio de hoy es tremendamente sugerente. Jesús nos invita a llevar la buena noticia a todos y de forma especial a aquellos que más lo necesitan. Me gusta la actualidad del Evangelio y me gusta recibir esta invitación como parte de la Iglesia.

Vivimos un momento en el que se vive una cierta sensación de euforia por las palabras, los gestos, los signos del Papa Francisco. Comparto el razonamiento expresado por José María Rodríguez Olaizola en pastoralsj, que la Iglesia es mucho más que el Papa y mucho más que este momento histórico actual;  si tradicionalmente hemos defendido que la Iglesia la formaba todo el pueblo de Dios, también hoy debemos reafirmarnos en este postulado. 

No obstante, no podemos sino agradecer  los gestos que desde la sencillez y la humildad está realizando el Papa actual, ante todo porque hace visible el rostro de la Iglesia, la Iglesia de siempre, la que intenta vivir en medio de la dificultad y la limitación el Evangelio, la Iglesia que se sitúa al lado del que está necesitado. Hoy más que nunca es tiempo de seguir confiando en el dueño de la mies, y de pedirle fuerzas para seguir trabajando de forma sencilla y humilde por el Reino de Dios y por anunciar que hoy en medio de la crisis hay razones para la esperanza. Por todo esto, no puedo sino dar las gracias por el tesoro de esta comunidad, a la vez santa y pecadora, peregrina al encuentro del Dios que se hace presente en nuestros días.

jueves, 14 de marzo de 2013

Agradecido y contento...


El día de hoy ha sido intenso. La tarde la he dedicado a impartir 6 horas de actividades prácticas correspondientes a la asignatura Estructuras y Construcciones. Me enteré que teníamos nuevo Papa en el intermedio de una de ellas, el Twitter afirmaba que la fumata era blanca y una amiga, Granada del Barco, me enviaba el sonido de las campanas de la Catedral que repicaban de alegría por el nuevo papa.
Todo cambia muy rápido, tan sólo ocho años atrás nos resultaría imposible poder seguir las noticias en tiempo real.

Recibo la noticia del nombramiento de Francisco trabajando, en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo que hago día a día. Quizás esta es una de las cosas que he aprendido de la Acción Católica y que es muy propio de la espiritualidad ignaciana, descubrir a Dios que está presente en lo pequeño y débil. La realidad como espacio privilegiado y único para el encuentro de Dios. A nuestro Dios no lo podemos encerrar en un templo, ni en una ciudad, está donde quiere y quizás esa presencia nos desconcierta, pero a la vez llena de emoción cada instante de nuestras vidas.
El nombramiento de Francisco, como nuevo Obispo de Roma lo recibo con gran alegría y esperanza. Había escuchado referencias suyas, y la verdad es que parecía un sueño que una persona como él alcanzara un puesto tan importante en nuestra Iglesia. Parece una persona humilde, los periodistas remarcan que le gusta ser austero, que vive en un piso y no en el Palacio Arzobispal, que utilizaba el transporte público. Lo que debiera ser normal desgraciadamente es noticia. El nombre que ha elegido, ya nos lo explicará él, pudiera estar relacionado con Francisco de Asís. En la tradición católica los nombres pretenden poner a la persona bajo la advocación de una persona santa a la que profesas gran veneración.
Sus primera aparición y sus primeras palabras sin duda muestran su carácter apacible y conciliador, su preocupación por toda la humanidad, y su humildad al pedirnos a todos que recemos por él.
Por ello no puedo dejar pasar el día de hoy de dar las gracias por la Iglesia y por su persona. Y pedir que le ayude en la difícil tarea que tiene en la tarea del Gobierno de la Iglesia.
Termino el día como empezaba la tarde pidiendo al Señor que nos dé pastores según su corazón